En un aeropuerto español

Cuando tienes un vuelo muy temprano por la mañana, siempre pasa lo mismo. No duermes, o duermes mal. Has de coger un taxi de 30 euros, porque a esa hora poco transporte colectivo encuentras. Y si tienes que facturar, te vas con al menos esa hora y media de antelación que te recomiendan nueve de cada diez aeropuertos. Y luego resulta que facturas en 10 minutos, porque a esa hora sólo vuelan cuatro locos como tú, y acabas haciendo hora en la cafetería de la terminal, tomándote un café horrible (de verdad, es horrible, y lo han cobrado como si lo hubiera hecho Juan Valdez en persona). Así que, para matar el tiempo, porque para matar el estómago ya ha valido ese café, enciendes el portátil y te pones a escribir algo. Tanta antelación no era necesaria, piensas. Pero claro, Murphy está ahí para hacernos perder el vuelo el día que no seamos tan precavidos.

El caso es que, cuando tras facturar te queda aún casi una hora de espera, te vienen a la cabeza muchas cosas. Algunas de ellas son tonterías propias de no haber dormido nada en toda la noche, como, por ejemplo, el momento en que he pensado “anda que si me duermo en el avión y me paso de parada”. Otras, en cambio, no lo son tanto.

Estoy en un aeropuerto español. Y aquí habría que matizar que es uno de esos que tienen aviones, pasajeros y maletas, porque en España la palabra aeropuerto no siempre implica necesariamente la presencia de aviones, pasajeros y maletas. Maleta, por cierto, que no sé si volveré a ver, porque cuando se va por esa cinta transportadora, siempre me queda la misma sensación que invade a Marco cada vez que su madre va a comprar el pan.

Estoy en un aeropuerto español. Por trabajo. Sí, esa cosa que tenemos los pre-parados. No es la primera vez que vuelo por trabajo. Sí, es por trabajo, y viajo con una compañía de bajo coste, a una hora horrible, un domingo por la mañana. ¿Por qué hago esto, si me lo pagan? No lo sé, supongo que por no gastar más de lo necesario. Cuanto menos gaste ahora, más dinero habrá para otras cosas, y quizá me puedan pagar otro billete de avión cuando lo necesite. Sé que es una curiosa forma de actuar, sobre todo si esto lo está leyendo algún señor político (o señora política, que a ellos/ellas les gusta mucho hablar así). Si es así, no se preocupe usted, que eso de viajar barato son excentricidades de la clase media. Usted siga viajando en primera, que eso del low-cost es muy mainstream.

Decía que estoy en un aeropuerto español, pensando que tengo billete de ida y vuelta, y que el día siguiente de mi regreso, se acaba mi contrato. Y no hay más contratos. Y me viene a la cabeza que, quizás, la próxima vez que pise un aeropuerto, puede que sólo tenga billete de ida. Como tantos jóvenes y no tan jóvenes españoles. ¿Habría alguno allí cerca, tomándose otro café horrible, pero sin billete de vuelta, porque no tiene a dónde volver? En fin, creo que no debería pensar en esto ahora. De momento, tengo trabajo, aunque sea sólo por unos días. Ya lloraremos la semana que viene.

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